Un largo viaje a tierras nuevas

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¿Recuerdas esa sensación que tienes cuando vuelves a tu casa o departamento después de un largo viaje? Soltar por fin las maletas en el recibidor, solazarte en esa sensación de comodidad, de reencontrarte con tu querida cama, de estar nuevamente rodeado de las personas que te conocen, de tu extrañada mascota, de tus objetos predilectos, de tu comida de siempre. Estás de nuevo con tus pares, sin tener que liarte con un idioma o costumbres diferentes que tuviste que adoptar por un buen tiempo en tu viaje.

Así me sentí, al verme rodeada de personas que al igual que yo son sordos. Algunos comunicándose por señas al mismo tiempo que hablan, para que los demás (sepan o no lengua de señas) puedan entender lo que dicen. Es cómodo, puesto que ahí todos saben esos detalles que hay que tener en cuenta para comunicarse : Pronunciar bien las palabras o evitar llevarte la mano a la boca mientras hablas; te tocan el brazo para avisarte que es a ti a quien hablan en ése momento si ven que estás distraído o mirando hacia otro lado. Esos pequeños grandes detalles hacen que te expreses y te comuniques, sin preocuparte de no entender o confundir palabras, porque sin problema te repetirán lo que no comprendiste, sin que tengas que dar explicaciones.

Fue una  interesante reunión a la que acudí por invitación de mi amiga Erika, quien como yo, también es hipoacúsica. Ella es una mujer muy independiente, difusora y defensora incansable de los derechos de las personas con discapacidad auditiva. Me invitó a integrarme en ésta reunión y yo acudí sobre todo para saber cómo era relacionarse con otras personas sordas ya que casi toda mi vida familiar, social y laboral me la paso rodeada de oyentes. Mi amiga me presentó a adultos y jóvenes que me impresionaron por su madurez, frescura e independencia.

Entonces puedo entender que aquella comodidad de verse rodeado de personas que comparten realidades similares puede resultar, la manera más conveniente de relacionarse al margen del mundo de los oyentes que los rodea. No es el caso de éste grupo de personas que conocí. Varios son profesionales que se desenvuelven y desarrollan muy bien en sus respectivos trabajos y nuestra sociedad. Aún así, solemos enterarnos por noticias o por conocidos nuestros sobre casos de discriminación a personas con alguna discapacidad física o mental.

Pero circula por las redes sociales y el gran internet el término AUDISMO,  que es una palabra inventada por un profesor sordo en los años 70 y que no está considerada en el diccionario de la lengua española. Ha sido difundida por personas sordas disconformes con su situación respecto al trato que reciben de las personas oyentes. AUDISMO significa para ellos la discriminación que hace una persona con audición normal a una persona sorda, ya sea en el campo laboral, académico o social. Para ellos un AUDISTA es un oyente que se cree MEJOR que una persona con discapacidad auditiva.  O también  es una persona sorda que se comporta como oyente (¿ Osea yo?.  Es decir me metieron en el mismo saco y yo ni enterada. Que hable y escriba como un oyente no me hace mejor o peor que una persona sorda,  simplemente mi vida se desarrolló en un ambiente oralista,  nadie me obligó a ello y nadie me prohibió relacionarme con otras personas sordas.)

He visto y leído algunos de sus manifiestos, porque están buscando difundir este movimiento antiaudismo para crear conciencia entre los sordos y oyentes. Entiendo sus frustraciones, sus temores y disconformidad, pero pienso que están enfocando la situación de una manera confusa y sesgada en muchos de los casos que mencionan sentirse discriminados.

Les explico con uno de los ejemplos que ellos dan: “En una reunión familiar, en la que todos son oyentes y yo la única sorda,se pasan todo el rato hablando y yo preguntando qué dicen. Al final, me explican todo de forma resumida y breve y esto me enoja. ¿Qué se creen que soy? … “(1). Esta situación puede presentarse en clases, en el trabajo, etc. La persona del ejemplo siente que ha sido maltratada ya que deberían de haberle contado todo lo que se habló en ese momento para no perderse los detalles.  Siente que aquella es una forma de discriminación, de “audismo”.

Ahora quiero enfocarlo de otro punto de vista: Yo, que soy sorda, se que si me acerco a un grupo de oyentes que está conversando, es muy probable que no entienda todo lo que van a hablar  (depende de varios factores: el ruido ambiental, la buena pronunciación, etc). Yo ya se a lo que me voy a enfrentar y tiene que ver mucho la disposición y mentalidad de la persona sorda. Es muy probable que en algún momento pierda la hilación de lo que se está conversando, procuraré entenderlo según el contexto del tema, quizás haga un par de preguntas cuando no entienda alguna parte que me parezca importante. Pero no puedo pretender que alguien amigo o cercano me cuente exactamente toda la conversación que está surgiendo en ése momento. Hasta que inventen los Lentes Google que pongan subtitulaje a las personas cuando hablan, como hacen con las películas extranjeras, (¡Qué esperas Google! ¿qué tal unos googledeaf ?) pues debo asumir que ésa es mi realidad, pero no por eso pelearme con ella, ni confundir las cosas y decir que estoy siendo discriminada o ponerme a pensar que los oyentes se creen mejores que yo. No hay mejores ni peores. Por el contrario, disfrutar de una reunión entre amigos, de trabajo o estudio, no se basa en entender exactamente todo lo que se habla, se trata de compartir el tiempo preciado con personas que valoras, de intercambiar experiencias, de ampliar la mente y la cultura al conocer gente nueva.

Idea: en una reunión social o familiar,  si te cansaste de leer los labios a tantas personas a la vez, acércate a uno o dos de los oyentes y conversa con ellos, disfruta de conocerlos mejor,  si es que es posible ve circulando,  no siempre será un grupo grande en el que debas estar todo el tiempo. En clases, es importante que acuerdes previamente con algún o algunos compañeros para que  al final de la clase compartan contigo las notas tomadas.  Pedir resúmenes al profesor sobre la clase que se va a dictar también es recomendable, así podrás ir preparado con anticipación. Para todo hay solución.

Existen personas que nacieron sordas o con pocos restos auditivos y se niegan a ser oralistas, no realizan terapia de lenguaje, sólo desean usar lengua de señas para comunicarse con los demás, consideran que de la otra forma estarían imitando a un oyente y que eso va en contra de valorar su identidad como persona sorda.

Dije que entiendo la comodidad de estar rodeado de personas sordas como uno. Comprendo que prefieran socializar mayormente con otros sordos, es más, hasta buscan casarse con otros sordos y es un alivio para ellos que sus hijos nazcan sordos también. Parece un trabalenguas, pero es así. Su mundo se rige en base a una cultura sorda que se preocupan en cuidar y mantener viva con una mínima intervención de personas oyentes. Es un tema muy interesante y complejo pero a mi parecer crean barreras con el resto del mundo.  Si la idea es no ser discriminados ¿Por qué no tomar la iniciativa?, ¿No es preferible incluir a las personas oyentes en su mundo o comunidad?, ¿Qué mejor manera de enseñar a los oyentes a relacionarse mejor con las personas sordas si no es manteniendo un trato diario, socializando, estudiando, trabajando, conversando con ellos y mejor aún si usas también la lengua de señas para que aprendan poco a poco?.

Yo he pasado por todo ese proceso de encontrar la mejor manera de comunicarme con los demás. Es cierto, antes prefería no exponerme y me quedaba en mi mundo de dudas y temores,  pero considero que hoy en día mi vida se ve más enriquecida por la presencia justamente de amigos y conocidos oyentes que han aportado su apoyo, cariño y la alegría de sus existencias en mi vida. Conocer gente nueva, aceptar invitaciones de amigos o amigas oyentes y salir o presentarme ante una persona oyente quizás no siempre termine en una excelente amistad ni se logre una buena química.  Pero prefiero hacer que mi vida sea un constante viaje a “tierras nuevas”, arriesgarme y no perderme esos momentos en que te maravillas de haber conocido una persona interesante, alguien a quien puedes enseñarle como comunicarse mejor contigo. Verás como se corre un velo que les impedía verse y valorarse en su verdadera dimensión. Cuando un oyente le dice a otro que está hablando: “No te tapes la boca cuando hables, Carmen no te va a entender”, ves que algo especial ha germinado en ese nuevo amigo. No cambiarás por nada el brillo sincero de aquellos ojos que te observan mientras te dicen: -He quedado encantado de conocerte y charlar contigo-.

Tú mismo eres el encargado de no discriminar, de abrir la mente, de educarte, de aprender y a la vez enseñar a las personas oyentes tu valor.  No vale perderse lo maravilloso de una buena amistad,  risas y ¿por qué no? hasta de una esperado abrazo.

(1)  http://www.cultura-sorda.eu/resources/Burad_Audismo-2010.pdf p.5

-Tengo miedo-

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Perder definitivamente algo importante en tu vida, que diste por sentado,  es una compleja situación que altera tus días, tu vida, tus pensamientos y hasta el brillo que irradian tus ojos. Y se nota. Piensas que lo perdiste y nada va a ser como era antes.
Las cosas han cambiado.  Da miedo. 

O huyes o lo enfrentas. Lo más natural es hacer una cosa y luego la otra. El tiempo que te tomes en pasar de uno a otro estado, de uno de evasión-drama-autocompasión, a uno de serenidad-confianza-fe en uno mismo, es un proceso que a cada quien le toma su tiempo. Depende mucho de la autoestima y el apoyo familiar que tengas en ese momento. Es muy similar al de estar metidos en una crisálida, en la que nos envolvemos voluntariamente, transformándonos-protegiéndonos-apaciguándonos, acomodando el alma al gran miedo, a la ausencia de lo perdido, hasta que esas preguntas que nos martillan la mente se desvanecen: “¿por qué a mí?, ¿qué hice para merecer esto?. ”

Cuando uno pierde la audición, la vista, un miembro del cuerpo, o cuando debes-quieres acompañar a un ser querido a transitar ese camino, tener miedo es una sensación natural. El miedo te mueve a hacer cosas que no pensaste en un inicio que podrías, te enfrenta a ti mismo y debes aprender a conocerte otra vez, al real tú, para poder vencer los nuevos obstáculos que van apareciendo en el día a día.

Recuerdo cuando todo eso me pasó a mí. Desde buen tiempo antes (cuando tenía 16 años, estando en 5to. de secundaria) ya había notado que algo no andaba bien. Habían pequeñas pistas y señales que intentaban avisarme de que algo estaba sucediendo, pero no quería prestarle mayor atención. Cosas como subir cada vez más el volumen de la tv, el no darme cuenta a veces que alguien me estaba hablando, dificultades para entender conversaciones por teléfono, pedir que me repitan las palabras cada vez con más frecuencia. Aún así, era la típica jovencita de familia numerosa, que pasaba desapercibida. Pero no me esperaba que una mañana de mis 18 años despertara sin casi oír mi voz, ni las voces de mis 3 hermanas mayores que me rodearon en mi cama aún soñolientas, sin poder atinar a hacer algo para sacarme de ese estado de pavor.

Mi padre falleció 2 años antes, así que me sentía aún más desprotegida. Felizmente (recién de adulta puedo darme cuenta y agradecer por esto) tuve una madre que no era sobreprotectora ni muy engreídora, por el contrario, siempre nos inculcó, como mejor pudo, la autosuficiencia. Pero yo era (o así me quería sentir) “la pequeña”, la débil, la nena de personalidad sensible. Este rasgo mío influyó para que me pareciera que mi vida era una desgracia. Qué sabía yo de la vida, de las verdaderas desgracias que otras personas pasaban comparado con lo mío. Es cierto, yo aún estaba en mi propia burbuja de niña tímida y angustiada con una autoestima erosionada, hasta esa mañana, cuando los sonidos huyeron de mí. Ese día empecé a crecer.

Luego acudió la Vergüenza a sentarse a mi lado, a llenarme la mente de ideas absurdas, el miedo y la vergüenza de tener que admitir ante familiares y amigos que yo era “diferente” ahora, sorda o como dicen los expertos, una “persona con discapacidad auditiva”. Sea cual sea el nombre que se le de, no quieres que nadie lo sepa, prefieres no salir, quedarte en casa, acostumbrarte a que los demás sean los que resuelvan por ti esos pequeños o grandes retos de tu vida que no quieres enfrentar aún.

Visitamos con mi madre varios especialistas y médicos del oído, todos me dieron la misma respuesta: Irreversible. Es así como poco a poco te vas dando cuenta que a pesar del miedo y la vergüenza la vida va a seguir su camino, con o sin ti. No me gustaba la idea de usar audífonos y que la gente en la calle se me quedara viendo, pero la primera vez que volví a escuchar los sonidos amplificados del mundo que me rodeaba, fue asombroso, pero también diferente, ya no podía entender bien las conversaciones si es que no miraba a los labios (así usara audífonos), definitivamente no era igual a cuando escuchaba normalmente. Pero ahora al menos podía sentirme más segura para desenvolverme con las demás personas. De estudiar una carrera, de tener enamorado, de salir con mis amigos.

En aquellos años, el acceso a internet no era masivo como ahora, así que yo busqué informarme sobre mi caso, leyendo, visitando médicos, audiólogos. Uno de ellos me dijo algo importante: -No dejes de salir, sal con amigos, la familia, ve a reuniones, socializa. Y conversa, conversa todo lo que puedas.-
Luego entendí porqué. Poco a poco empecé a leer los labios (es una practica constante), luego ayuda a vencer el miedo, a sacar carácter, porque de que te equivocarás, sí lo harás, eso es seguro. No es fácil estar atenta a toda la información visual que te rodea, ya que de lo sonoro no te puedes guiar tanto, la vista es la principal aliada. Tuve que dejarme de timideces y ser más optimista con las cosas que me sucedían. Yo no podía ser una carga, tenía que hacer mis cosas sola.

Hay algo con lo que tuve que lidiar y aún continúo haciéndolo, vencer el temor al ridículo, a entender o hacer mal las cosas que me piden o responder con una cosa que no tiene nada que ver con lo que me han preguntado. Y va a pasar, siempre pasará y tienes que tomarlo sin mayor complicación, como dicen en mi país, “que te resbale” ese tipo de situaciones y no dejar que la vergüenza te haga sentir mal. Por eso difiero con las personas que son condescendientes y dicen que las personas con discapacidad no son diferentes a los demás. ¡Claro que somos diferentes! pero no en el sentido de sentirnos menos o inferiores, eso no es discriminar, pero por qué no admitirlo, hay cosas que yo por ejemplo ya no puedo hacer y requeriré la ayuda de otras personas para lograrlo:

No entiendo conversaciones por teléfono o intercomunicador. Solución: le pido a alguien que esté a mi lado que por favor me haga la llamada urgente que debo hacer. Aunque eso implique que se invada mi privacidad o que se enteren de datos personales.

Ya no puedo entender la televisión abierta o cine en lenguaje español, porque los planos son abiertos, voz en off, cambian de encuadre a cada rato, es difícil leer los labios así y entender la trama. Solución: escojo películas subtituladas en español o cambio a televisión por cable con subtítulos. Pero es cierto, habrán excelentes películas en mi idioma que no podré disfrutar.

En clases, no faltarán los profesores que se olvidarán de la alumna que les dijo que por favor no camine tanto por el aula, porque necesita tenerlo al frente para leerle los labios.  En una reunión de amigos o familia, no podré entender todo lo que hablan las demás personas, puede llegar a ser estresante y da hasta dolor de cabeza todo ese esfuerzo visual de tratar de leer los labios a varias personas. ¿Se puede? Sí, pero hay un límite. Solución: llevar conmigo una grabadora para mis clases y al llegar a casa pedirle a mi hermana que por favor escuche por mí y me cuente lo que hablaron o me lo transcriba. ¿Es suficiente? No. Porque no siempre mi hermana podrá ayudarme y además no pude participar activamente de la clase. En cuanto a las reuniones o fiestas con grupos grandes que están conversando, puedo optar por sentarme con una o dos personas y charlar con ellas un rato, disfrutando de la ocasión y el brindis. Y así ir circulando, acercándome a otras dos o tres personas y hacer lo mismo. Leer los labios así es más cómodo que tratar de hacerlo con un grupo grande. La idea es pasar un buen momento con los amigos.

Son cosas que se irán aprendiendo, es cierto que este mundo no está hecho para las personas con discapacidad, pero podemos enseñarles a los demás a tenernos en cuenta. Debes comunicar y enseñar a los demás cual es la mejor forma en que ellos pueden adaptarse a ti. En mi caso, me ayuda mucho decirle a las personas que recién conozco: – Sería mejor que me hables de frente, porque yo no escucho bien, leo los labios para poder entender mejor-

Las cosas han cambiado. Da miedo. Pero han cambiado para tu crecimiento personal, te cansarás de sentir miedo y por fin avanzarás a pesar de ello. Entenderás que ahora eres más rico, más fuerte, más feliz contigo, por lo tanto, más feliz con los demás. Así que el camino transitado ha valido la pena.

Sea la edad que tengas, la vida es más que aquello que perdiste. El sentido del oído, un miembro de tu cuerpo, un ser querido, tu trabajo, tu dinero, tu negocio, tu matrimonio, etc.  ellos fueron sólo una parte de tu vida, descubrir qué más puedes hacer con ella y hacerlo con pasión es lo que le devolverá el brillo a tus ojos, verás que las cosas ya no son como antes, sino mucho mejor.

Quién como yo, que no escucho

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-¡Quien como tú que no escuchas tanta bulla del tráfico!- me dice mi hermana, con rostro de angustia al llegar del trabajo. Y es la verdad, quién como yo, por que lo único que tengo que hacer para “salirme” del mundo del stress sonoro es poner en OFF los audífonos que uso y listo, soy la reina de la calma, la del rostro pacífico y el andar alegre en medio de una avenida colapsada por bocinazos, ruido de motores, gente malhumorada y policía de tránsito con el hígado hecho paté.

No siempre supe de éstas ventajas, o mejor dicho , aprendí poco a poco a tomar conciencia de ellas, es más, siempre estuvieron ahí a mi disposición, pero era mi mente estrecha la que me impedía ver las cosas desde otro punto de vista. Lo que llamamos “desventajas” en realidad no lo son, son maneras diferentes de enfrentar las situaciones, caminos diferentes que nos llevan al mismo lugar que los demás.
Quizás tú que lees este post y eres una persona con pérdida auditiva puedas identificarte muy bien con algunas de éstas ventajas de no escuchar.

EN EL TRÁFICO LA VIDA ES MÁS SABROSA
Si vives en una ciudad de alto tránsito peatonal y automovilístico como Lima, podrás darme razón cuando digo que transportarse por calles y avenidas es como practicar un deporte extremo. Pero al apagar los audífonos, llega la paz a la mente, fuera bocinazos, gritos, motores rugiendo. Puedo sacar mi libro y disfrutar de una excelente lectura o ponerme al tanto de las noticias del mundo desde mi móvil, sin interrupción alguna. Es un OFF para el audífono pero es un ON para la paz mental. Vuelve la cordura, el cuerpo ya no está tenso y la verdad es que no puedes evitar una sonrisa complaciente que obviamente se vuelve sospechosa para todos en la calle. Pero -qué importa, está de moda ser diferente- me digo. Sólo debes preocuparte por mirar bien las luces del semáforo y las indicaciones del policía de tránsito ( si es que tienes la suerte que haya uno) .

TE AMO AUNQUE RONQUES COMO MOTOSIERRA
Eso es fatal para muchas personas, tener que compartir lecho con un roncador puede llevar a extremos insospechados de locura. El amor es grande, pero sin un buen sueño, hasta el amor despierta con ojeras al día siguiente. Pero como siempre digo, pueden roncar a un centímentro de mis oídos pero si estoy sin audífonos, te amaré hasta que otra cosa nos separe, pero no será por tus ronquidos, desquiciantes para otros pero inofensivos para mí. Lo mismo sucede cuando salgo de viaje en grupo con amigos, siempre hay un roncador en el camping o en la habitación compartida, todos amanecen pegándole con la almohada, sólo yo dormí cual bebé🙂

MISIÓN NO TAN IMPOSIBLE
Eso lo deben saber casi todos, trabajar con un jefe ansioso, compañeros de trabajo nerviosos, gente que camina, van y vienen hablando a voz en cuello, hablando por el móvil o con su famoso inalámbrico por bluetooth, el ruido de impresoras, tecleos, música, pasos yendo y viniendo, todo eso hace difícil concentrarte en tu trabajo. Pero cuando me apago los audífonos, oh silencio ven a mí, es como poner un cono del silencio (a lo Maxwel Smart) y te apartas de ese entorno estresante para enfocarte en hacer un buen trabajo.

¡ESA GENTE PESADA!
Hay que ser sinceros, no todos nos caen bien. A veces hay reuniones donde la gente es simplemente chismosa o mala vibra y por más que tratamos de no escuchar esos comentarios malintencionados es casi imposible no darle oídos. Dije casi imposible…nuevamente el OFF al rescate. Paz mental en ON.

ES QUE NO ME TIENES PACIENCIA
Ok, díganme aprovechada, pero la verdad es que a veces no se puede transar con alguien que está exasperado, gritón, maleducado, descontrolado y cree que con gritos  puede hacerse entender. Ya no tengo que bajarme a su nivel, simplemente mi paciencia llega al punto de apagarme o sacarme los audífonos en su cara, para que el susodicho se desinfle en una. Al ver que no escucho ni me volteo a leerle los labios, tiene que controlarse como sea, si quiere seguir discutiendo conmigo. Sino que se vaya y vuelva cuando se domine a si mismo, como diría mi madre: Respeto guarda respeto.

LEER LOS LABIOS SIN QUERER QUERIENDO
Ser sordo implica en muchos casos leer los labios, se aprende casi por necesidad, así que ya vieran ustedes que a veces sin querer queriendo en algunos sitios y reuniones me entero de conversaciones ajenas que se mantienen a unos metros de mí. Muchas veces no son de mi incumbencia es cierto, pero en otras me puede causar mucha sorpresa y abrir los ojos sobre lo que algunas personas comentan sobre algo que me concierne. – Así se conoce a la gente- me digo.

LA INTÉRPRETE
En una fiesta con música a todo volumen, discoteca o bar muchas veces suelo hacer de intérprete entre otras personas oyentes. Sucede que al salir con un grupo de amigos, entre ellos no logran entenderse pues la fuerte música les impide escuchar sus voces. Ya los vieran alzando la voz lo màs que pueden y el otro no logra entender nada. Ellos no leen labios, a mí sólo deben hablarme normalmente desde su sitio, sin necesidad de gritarme al oído, así que yo termino de intérprete con todo gusto: – Dice que si tienes una menta – Dice que luego de la fiesta ¿a dónde la seguimos? – Que si luego ¡vamos por unos sanguchitos! – Que no faltes el próximo sábado a la parrillita, ¡cada uno lleva un vino! – Dice que si te has dado cuenta que ése chico de la mesa de al lado, ¡te está mirando desde hace un buen rato!.

YO AMO EL PELIGRO
Bueno, no tanto como eso, pero nosotros más que oír, sentimos los sonidos graves, hay sonidos que vibran, como cuando estás sobre una moto o en un avión, el motor en pleno despegue puede ser causa de temor en muchos pasajeros, pero para una persona que escucha poco o nada, es motivo de emoción. Quizás no para todos, pero al menos para algunos es energizante ese rugido que indica el inicio de un viaje. Pero igual el sonido no nos asusta tanto y eso pasa en medio de un temblor, terremoto, tornado, huracán. Esos sonidos implacables de la naturaleza tienen una raíz ancestral en nuestra memoria genética. En una situación así, las personas que no escuchamos bien podemos mantener mejor la calma y apaciguar a otros más nerviosos.

EL BUEN FILTRO
He descubierto hace mucho que los buenos amigos que tengo y frecuento lo son por que me valoran y realmente quieren lo mejor para mí. No son amigos por pura etiqueta o solamente de nombre. Lo son por que saben que cuentan conmigo y cuento con ellos, que estaremos ahí cuando sea necesario. El que yo sea algo diferente a ellos, no hace que dejen de ser mis amigos. Cuando ellos quieren comunicarse conmigo, hacen lo que sea por conseguirlo, me mandan mensajes de texto al móvil, llaman a mis hermanas y les dejan el encargo, me mandan e-mails, facebook chat, alertas por whats app, lo que sea. Esto lo aplico hasta a las parejas: El que realmente quiere comunicarse contigo, encuentra la manera de lograrlo. Eso no es impedimento ni obstáculo. Cuando en alguna reunión no entiendo lo que están conversando porque hablan muy rápido, alguno de ellos me pone al tanto para que yo no pueda perderme esa broma, esa noticia, esa novedad que están comentando en aquel momento. Lo mismo sucede cuando conozco a nuevos amigos y amigas, que al contarles que soy sorda (por que muchas veces no se percatan de ello) noto que se preocupan por hacerse entender y hacerme sentir cómoda en la conversación. Y también me sucede lo contrario, nunca faltan las personas elitistas, egocéntricas e interesadas. Hay muchas maneras de escoger a los buenos amigos, pero no escuchar bien puede ayudarme a filtrar las personas que realmente desean ser mis amigos de aquellos que no valen la pena.

Y seguramente existen otras ventajas, quizás conozcas otras que quieras compartir en éste post. Yo encantada de leerte.

¿Cómo es ser sordo?

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Creo que nunca me han hecho ésa pregunta directamente, pero estoy segura que más de uno lo ha pensado al conocerme o conocer a otras personas con pérdida auditiva y en realidad responderla encierra muchas respuestas.

No es la misma experiencia la de un niño que nació completamente sordo que la de aquel que nació escuchando y luego perdió la audición (hipoacusia),  ya sea por enfermedad o por un accidente. Ni la de aquel que no llegó a desarrollar el habla y usa lengua de señas solamente para comunicarse, comparado con el que no la usa para nada porque sí habla y escribe ya que aún escucha sonidos (como yo).

La vida de una persona sorda que convive con oyentes es de un cariz diferente al de aquel que vive y socializa en su mayoría con otros sordos e hipoacúsicos.

Ser sordo en la infancia, adolescencia, adultez y vejez es una experiencia que diferencia o no tu vida dependiendo de en cuál de esas etapas hizo su llegada y con qué contundencia o ligereza.

Pero algo las personas sordas tenemos en común es que “oímos con la vista”, nuestros ojos se vuelven los aliados de primera, leemos labios, leemos expresiones faciales, movimientos de las mano y la expresión corporal. Podemos distinguir con cierta facilidad (al menos en mi caso) el estado de ánimo de una persona con sólo verla entrar a un lugar. Y se hace fácil acercarse si es un amigo y decirle a la primera: -¿Cuéntame qué te pasa? ¿Estás bien?- y ése es el inicio de una conversación de tú a tú, con el corazón en la mesa y con un cafecito en la mano.

Nos volvemos duchos en el arte de observar y desmenuzar el paisaje urbano o rural con sus los miles de personajes y lugares, las personas son enigmas que tenemos que resolver.  Sentimos los colores, nos regodeamos en los detalles, no olvidamos ese lunar especial que tienes y pocos suelen notar, ni el hoyuelo que se forma cuando sonríes. Podemos pasar un buen rato observando el acuarelado del cielo al atardecer y encontrar formas y siluetas  en las nubes.

Y eso es por que los sonidos no nos invaden ni distraen tanto del vivir. Por el contrario, se aprende a escuchar los latidos del mundo. Al no escuchar como la mayoría de personas, el resto de los sentidos salen al rescate, sobre todo el más importante: la vista, luego le siguen el, el tacto, el olfato y el gusto, todos se potencian un poco más para poder darnos  información sobre el mundo que nos rodea. Pienso que la intuición también sale a la luz, pues muchas veces tenemos que resolver ciertos obstáculos intuyendo situaciones o contextos en las que nos vemos inmersos.  No intento que tengas lástima ni pena. Quiero que entiendas lo vital que es para nosotros  lo visual y lo tàctil también. Y otra cosa más, aquellos que pudimos llegar a escuchar y luego fuimos perdiendo la audición y ya no podemos disfrutar de una canción en la radio, tablet o smartphone, no queremos dejar que se  nos quite lo escuchado. Así que al menos yo tengo mi táctica de recurrir a mi memoria auditiva, canto bajito para mi misma las canciones o tonadas que tanto me gustaron alguna vez y las puedo escuchar en mi mente como si tuviera mi propio DJ en la cabeza. Uno es capaz de hacer su propia banda sonora, un soundtrack camino al trabajo, a esa cita importante, trotando en las mañanas o al irse de de viaje. No se extrañen si me ven bailando un poquito en medio de la calle o en mi trabajo como si tuviera los audífonos de un iPod imaginario en los oídos.

Yo usualmente para bailar en una fiesta sólo me quito los audífonos medicados que uso, pues la música a todo volumen es suficiente para que pueda entenderla, con audífonos la música se distorsiona. Pero he visto a personas completamente sordas o con sordera muy profunda, bailando a todo dar en una discoteca. Llevaban muy bien el ritmo y hasta cantaban las letras de la canciones. Así que no pude con mi curiosidad y le pregunté a uno de ellos como lograban todo eso. Me pidió que me tapara los oídos fuertemente con las manos y pude “sentir” el ritmo de la canción retumbando en mi cuerpo. Hagan la prueba cuando vayan a un concierto, discoteca o en un bar con banda de música en vivo. Se que cualquier médico nos dirá que no es saludable exponerse a ruidos tan excesivos ya que estamos desgastando nuestro aparato auditivo. Pero muchas veces y sobre todo para una persona sorda que no llega a escuchar muy bien la música en una radio común o la computadora, es difícil no aprovechar la música a todo volumen y en tan grandes parlantes para bailar sin parar.

Yo quisiera que éste mundo se adaptara mucho más a nosotros los que no oímos bien, por poner un ejemplo:  En la vida uno conoce personas que no tienen una vocalización adecuada o lo que es peor, no tienen la paciencia y consideración necesaria para hacerse entender y no puedo evitar pensar: – con tanto científico en el mundo, ¿porqué alguno no inventa unos lentes que podamos usar las personas sordas y que le ponga subtítulos a aquellas que no podemos entender como en las películas extranjeras?-

A veces sí es una frustración y uno termina muy mortificado. Es cuestión de manejar la situación y no de dejar que la situación lo maneje a uno. Me alegra haber entendido que quizás no podemos oír como otras personas, pero el cuerpo humano es sorprendente y nos permite “escuchar” de otras maneras los sonidos del mundo y de la vida.

Entre dos mundos

ImagenEstas pequeñas historias y experiencias de vida buscan abrir una puerta a un mundo que mantuve cerrado por mucho tiempo a los demás. El mundo de sonidos que fui dejando y el mundo de los silencios que fui aceptando. Ahí en medio estoy yo. No son historias de tragedias, ni dramas, son sobre temas cotidianos que para otros son tan sencillas, pero  para una personas sorda se vuelven pequeñas odiseas que uno tiene que vencer.

Suelo escribir con cierto sentido del humor, quizás un cierto humor negro. Y creo que para cualquier persona con discapacidad es muy importante enfrentar esos retos cotidianos con cierta gracia, con cierta soltura, aunque al principio cuesta, sobre todo cuando eres adolescente. Pero todo va encajando como piezas de rompecabezas y vas armando tu vida, tu manera de comunicarte, de hacerte entender. Aprendes a llegar.

Mientras lees éstas palabras me pregunto si eres una personas sorda, si aprendiste a hablar y escribir y luego como a mí, un día te tocó la tarjeta de “PIERDES UN TURNO Y TAMBIÉN LA AUDICIÓN pase por el audiólogo” . O naciste sordo, sin saber como es la sensación de escuchar, ni las voces de los que amas, o el sonido del mar. Quizás eres oralista, prelocutivo o postlocutivo y usas no sólo la lectura labial, quizás también el lenguaje de señas.

Me imagino que vives en un país donde la cultura de sus ciudadanos y el nivel de inclusión de las personas con discapacidad auditiva permite que te integres a tu sociedad con más facilidad y sin tanta discriminación como sucede por ejemplo en Perú, mi país, dónde los lugares público, servicios educativos y administrativos no están diseñados para personas como nosotros. Hay tanto por hacer en mi país.

Quizás seas un padre o una madre a la que hace poco o hace mucho le dijeron que su hijo(a) no podría escuchar como los demás. Quién sabe ahora es ya un adolescente y realmente sientes que ya no sabes qué hacer para poder entender su conducta errática. Me encantaría saber si eres una persona que se hizo un trasplante coclear y ahora puede distinguir los sonidos, las voces, la música, o tal vez estás a punto de tomar ésa decisión.

Me imagino también que puedes ser un médico otorrino o un audiólogo que quiere entender más sobre sus pacientes con hipoacusia, o eres un estudiante, un interno, un psicólogo, un maestro de terapia del lenguaje, un sociólogo o simplemente una persona curiosa que quiere saber más sobre las personas sordas.

Me encantaría saber que quizás conociste una chica o un chico como yo y no sabes como tratarla(o), tienes miedo de meter la pata, de no saber qué decirle…Consejo rápido: Pronuncia lo mejor que puedas, bota el chicle, el cigarro y no hables rápido. Ten paciencia. Nosotros nos ayudamos de la lectura labial en gran parte. Procura mirarla(o) de frente y no temas tocarle la mano o el brazo para que ella (él) voltee y pueda saber que le estás hablando. Y un tip: si no entiende una palabra dile otra, lo entenderá mejor. Y listo ,continúen charlando!

Ya estoy pensando en varios temas para postear, los tengo dando vueltas en mi cabeza. ¡Son tantos! En éste post les hago pasar a mi mundo, puedes preguntarme, opinar y proponer temas. Yo estaré encantada de responder. Tengo un facebook sobre éste tema en: https://www.facebook.com/pages/Entre-sonidos-y-silencios/674976699202044 y también puedes escribirme a: entresonidosysilencios@outlook.com

El sentido de éste blog es poder llegar a todos los interesados en èste tema para enriquecernos mutuamente. Te estaré muy agradecida si compartes estos datos con tus amistades o contactos.
Gracias!

 

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